
Mirá tu punto de partida
Anotá cómo transcurre un día habitual. Incluí desplazamientos, tareas y pausas, sin clasificarlos enseguida como buenos o malos.
Elegí un cambio pequeño
Podés preparar antes una bolsa, dejar una lista de comidas o acordar una caminata. Elegí una sola cosa que simplifique la semana.
Revisá después
Una idea que no funcionó no necesita convertirse en una obligación. Ajustá el plan a la realidad que encontraste, no a una versión idealizada de tu agenda.
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